“Cuando hay algo que tienen algunos y otros no lo tienen, eso se llama privilegio”



El 8vo Congreso Nacional de Extensión Universitaria desarrollado en la UNSJ en septiembre de 2018 dejó hondas huellas en los corazones de todas y todos los que militamos la Extensión Crítica a lo ancho y largo de la Argentina y Latinoamérica.


Sarmiento dice en su obra maestra que “lo que mata a la Argentina es la extensión” haciendo referencia a lo “incivilizado” de los espacios geográficos de la Argentina: así, esa extensión enuncia también a la “barbarie” de las tradiciones de los habitantes.


Mucha agua ha corrido en nuestro país y la región para darnos cuenta que, en realidad, una de las principales riquezas de todos nuestros territorios y comunidades es, especialmente, esa extensión.


Redoblamos la apuesta y creemos, desde la Nacional y el Territorio, que la mirada extensionista es mucho más que un aula sin paredes: es la construcción de una universidad que sea para todas y todos, una universidad que realmente habite y se problematice desde los territorios.


Acá les compartimos las palabras de una de las conferencias de cierre de este emblemático congreso que nos unió y nos marcó el sur – basta de pensar en nortes – a muchas y muchos de nosotros.


Presidente del CIN, Rector Jaime Perczyk de la Universidad Nacional de Hurlingham


Trabajo en una Universidad del Conurbano, la conocen todos y todas, el nombre de “Universidad del Conurbano” refiere a un prejuicio negativo. Esta denominación negativa refiere a una baja calidad en las Universidades. Son Universidades en donde la calidad es baja, no importa quiénes vayan. A mí, la palabra calidad referida a la educación me parece espantosa, porque separar la idea de calidad de la idea de inclusión es una trampa política, ideológica, filosófica. No valorar que vayan más estudiantes porque baja la calidad y separar esa idea de que más argentinos, más argentinas tienen derecho a la calidad; no poner la idea de calidad en la posibilidad de que millones de compatriotas nuestros accedan a la escuela secundaria o a la universidad... Me ubico en la vereda de enfrente a todos estos pensamientos. Es imposible separar la idea de inclusión de la idea de calidad, es imposible, es una trampa. O es pensar en los procesos que se han dado en los países centrales. Italia de posguerra: el promedio de escolarización del pueblo italiano era hasta tercer grado, eran tres años de escolaridad primaria; entonces, Italia y esos países destruidos por la guerra, primero, hicieron un proceso “de inclusión”, dicho en términos del siglo XXI. Segundo, cuando lograron que todos fueran a la escuela, se dedicaron a mejorar la calidad, diríamos en conceptos del siglo XXI. Pero eso lo decimos en una sociedad que pudo, tuvo tiempo y consideró valioso realizar esos dos procesos asincrónicamente, en dos tiempos distintos. A mí me parece que en Argentina, en el siglo XXI ,con la injusticia social que tiene nuestro país, nos podemos plantear dar un tiempo de inclusión y después, cuando estén todos en la escuela, podamos pensar que es necesario mejorar lo que pasa adentro y afuera de las escuelas y de la Universidad. Esta idea, me parece, que nos pone en otro modelo político y filosófico. Yo creo que nuestros países (América Latina) tienen la obligación de pensar los procesos por lo cual todos van a la escuela y cada vez más van a la Universidad, al mismo tiempo que transforma su sistema educativo, es decir, lo hace sincrónicamente y, esto, pone tensiones por todos lados. ¿Por qué? Porque a la Universidad llegan los que nunca habían llegado y llegan aquellos pertenecientes a las familias que nunca habían llegado. Eso pone todo en tensión: a la institución, a ellos, a nosotros, a los profesores . Esa tensión me parece que es sana y tiene que dar energía transformadora porque hay más personas que tienen derechos.


El tema de los derechos es un tema muy complejo porque nosotros decimos “yo tengo derecho a esto”, en mi familia me lo dicen, mis hijas, mis amigos, uno lo dice. El problema con los derechos es que son para todos. No existen derechos para algunos y, para otros, no. Cuando hay algo que tienen algunos y otros no lo tienen, eso se llama privilegio. El Estado es aquel que puede proteger los derechos, no hay otros que protejan los derechos. El que protege privilegios es el mercado, en el mercado todo se compra, todo se vende, lo tengo o no lo tengo. “El que puede proteger derechos es el Estado” y los puede proteger si los financia porque los derechos tienen,lo digo brutalmente, los derechos tienen un costo económico, hay que pagarlos. El tema es que, cuando los derechos están en el mundo del mercado, son una mercancía, se comercializan: yo los compro y los tengo o no los compro y no los tengo. Los derechos los protege el Estado. Los protege decidiendo qué es un valor, una situación, una condición a proteger para todos y por eso invierte para eso. Invirtió en la década pasada para proteger los derechos al nivel inicial, a la primaria, a la secundaria y avanzó enormemente en plantear un horizonte de pleno derecho para la Educación Universitaria, ¿cómo? Aumentando el presupuesto para las Universidades. Nosotros tenemos un desafío: a partir de ese presupuesto poder transformar las Universidades y creo que hay status quo y avances notables. Hoy casi el 12 % de los estudiantes del Sistema Universitario va a Universidades de reciente creación, a Universidades del Conurbano. Pasan cosas distintas a las que pasan en grandes Universidades que tienen otras batallas para ser transformadas porque tienen otra historia, otra tradición. En nuestras universidades el 90/95 % de los alumnos son los primeros de la familia que logran entrar a la Universidad. En nuestra Universidad el 70% son mujeres, el 55 % son mamás o papás. Evidentemente pasan otras cosas. Me parece que la pelea, la lucha, el desafío por seguir protegiendo derechos tiene que ver con una pelea política por seguir discutiendo el presupuesto universitario, el salario de docentes y no docentes, por seguir peleando por las becas de los estudiantes, por seguir trabajando por la infraestructura universitaria, para que en la Argentina no quede un analfabeto y para que los que estudian odontología en la Universidad Pública se puedan dedicar también a revisar las bocas de aquellos que ni siquiera puedan pasar por la puerta de las Universidades Nacionales.


La Extensión es una función ineludible de la Universidad Nacional, una de las funciones que no se puede obviar. Pero, hoy por hoy, tiene un valor político para transformar las Universidades Nacionales. Y esto es estratégico.


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