Distinto, pero 21 al fin





Hoy, 21 de septiembre, se celebra en nuestro país el día del estudiante. Para muchos/as es un día esperado para poder festejar y dar rienda suelta a las pulsiones de la juventud. Para otros/as es simplemente un día más, un día que deberán pasar estudiando o repasando para algún examen. Y hay otros/as que simplemente ven el calendario con la nostalgia propia de una persona que recuerda con felicidad sus días de una etapa que ha quedado en el pasado. 


A pesar de ser un día que no pasa desapercibido para nadie, son muy pocas las personas que se detienen un segundo a reflexionar sobre el mismo. Y con esto no queremos hacer hincapié en lo anecdótico del surgimiento de la efeméride. Para este ensayo no es relevante que el 21 de septiembre de 1888 hayan llegado los restos de Domingo Faustino Sarmiento desde la República del Paraguay, siendo éste, el motivo de la conmemoración. Nuestro interés va más allá del dato. Lo que buscamos en este escrito es una reflexión más profunda que nos posicione como sujetos sociales activos y protagonistas de la historia.  


En este punto, sería interesante que reflexionemos sobre la siguiente pregunta: ¿qué implica ser estudiante?


Posiblemente exista un sin fin de respuestas a este interrogante, tan diversas como personas en el mundo. No existe una respuesta sencilla, eso está claro. Quizás lo primero que deberíamos hacer es entender de qué hablamos cuando decimos ser un “estudiante”. Es por ello que, en primer lugar, vamos a acudir al sentido etimológico. Podemos definir la palabra estudiar cómo observar, examinar, pensar o considerar algo con detenimiento para conocerlo, comprenderlo o buscar una solución.  Por añadidura, un/a estudiante es quien realiza dichas acciones. 


Sin embargo, estas acciones ¿se realizan sólo dentro de una institución educativa, entiéndase, como espacio de educación formal, y que implica todos los niveles del sistema educativo? Con esto nos referimos a la escuela, institutos, o universidades. 

La respuesta es más que obvia. El/la estudiante no nace, se hace. Es un proceso largo, constante, que se construye día a día y en cada una de las diversas etapas de nuestra formación. Ser estudiante, entonces, no es un rol que se limite sólo al ámbito institucional, sino que, implica desenvolverse como tal en todos los ámbitos de la vida cotidiana, como sujetos responsables, activos y miembros de una sociedad cada vez más dinámica, que se nutre de nuestras capacidades adquiridas. 


Desde nuestro punto de vista, aquellos/as que se auto perciben como estudiantes, sobre todo quienes se encuentran en el ámbito universitario, deben comprender que no son sujetos pasivos de la realidad. Esa actitud, a la cual hace referencia la palabra estudiante, alguien que observa, piensa, examina y busca soluciones, debe estar presente en la cotidianeidad. Debe ser una forma de posicionarse ante la vida. 

En otras palabras, un/a estudiante no es sólo aquella persona que tiene una matrícula universitaria, que asiste a clases, que realiza sus apuntes, que tiene su carpeta y sus libros de estudio. Lo que queremos decir es que, para ser estudiante no basta con dar un cumplimiento mecanizado de determinadas tareas que se relacionan con la educación y las instituciones. Sino que es necesario realizarlas con una actitud reflexiva y crítica, que nos permita repensar nuestra propia actuación como persona, pero principalmente, como miembros de una sociedad. 


Los y las estudiantes no son sólo personas que están atravesando una etapa de formación. Son actores de la misma sociedad en la que se encuentran inmersos. Por lo tanto, la actitud crítica debe ser una constante en nosotros. El estudiante de hoy en día no puede ser indiferente a los cambios que transcurren a su alrededor, debe tener compromiso con sus compañeros/as, con sus docentes, con los temas que estudia y con el campo en donde se está formando y se desenvuelve. 


Sobre todo, debemos tener conciencia que la posibilidad de formarnos (como profesionales y como personas) es el fruto de luchas y conquistas del pasado, y de un gran esfuerzo que la misma sociedad realiza para que disfrutemos de la misma. Sin dudas que ser estudiante ayer, no es lo mismo que hoy y tampoco será igual que mañana. Los desafíos cambian dependiendo del contexto histórico por el que estemos atravesando Sin embargo, hay algo que siempre se repetirá y será la voluntad de los y las jóvenes de ser protagonistas e intentar cambiar esa realidad.


Actualmente el reto nos interpela a todos/as por igual. Ningún grado, año o cátedra enseñó cómo ser estudiante en tiempos de pandemia. Nadie nos anticipó que ser estudiante también abarcaba estar dispuestos/as a aprender desde otro lugar, desde la lejanía, desde la no-mirada, desde la no-percepción, desde nuestra casa, desde una guía que nos acercaron, desde un video, desde un audio.


Ser estudiante en tiempos de no presencialidad, implicó e implica, estudiar, nuevamente en el sentido de la palabra, pensar o considerar algo con detenimiento para comprenderlo. Así es que este 21 de septiembre nos toca vivirlo así, en todos los rincones del país. Y aunque creíamos tener todo resuelto y las respuestas a casi todo, de repente una pandemia nos llenó de incertidumbre y nos puso a prueba. Nos devolvió a la realidad, esa realidad que se encuentra por fuera de las paredes de la institución, a la cual pertenecemos y tenemos un compromiso colectivo. 


Por eso, hoy más que nunca, debemos estar codo a codo y confiar en nuestros compañeros/as y docentes, que, a pesar de las distancias y la incertidumbre, siguen apostando al proyecto de universidad pública, gratuita, laica, inclusiva y de calidad, que nunca cerró y que está a la espera de un pronto regreso. 

Natalia Celina Montaña Naveda

Pablo Andrés Valinotti


Movimiento Universitario Unido (MUU)


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